
Tus manos me han llamado la atención, desde tu primer día de vida. La manera en que las cierras, metiendo con mucha fuerza el dedo gordo entre el medio corazón y el índice (anti meigallo), lo suaves que son y sobre todo, los deditos gordos que tienes en proporción al resto del brazo (últimamente, no parece tan desproporcionados porque estas bastante gordito).
Anoche volví a sorprenderme cuando de pronto empezastes a jugar con los muñequitos que cuelgan de un arco que abraza tu amaca de hipopótamo. Tu hermana y nosotros dos, estábamos cenando y una de las veces que te miré, ahí estabas tú: tocándolos y mirándote, descrubiéndote a tí mismo, mejor dicho, descubriendo tus manitas y sobre todo, concentrado en tus juegos.
Tan solo apartastes la vista de tus manos para mirar a tu madre y dedicarle una de tus sonrisas, como diciéndole: "mira mamá cómo juego yo solito".
No hay comentarios:
Publicar un comentario